Un cuento sobre la libertad

 

Sin miedo a ser libres, rompieron las cadenas y echaron a volar. Era un jueves de bochorno, de esos en los que el mundo se avergüenza y el asfalto quema desierto. Pero Johnny, Timmy y Tonni se deslizaban sin pudor por las calles. Estaban cargados con sus pequeñas mochilas, y cantaban un estribillo de una canción que ellos mismos habían inventado:

Ala jalí, ala jalá, somos los grandes, los mejores,

Ala jalí, ala jalá, hacia la selva, nos marchamos.

Y a la selva marchaban. Sus espíritus estaban llenos de sueños e ilusiones, pequeñas cabezas con horas de televisión y fantasía a su espalda. Dentro de sus carteras llevaban provisiones para días de viaje: panchitos, gominolas, bocadillos, pan y una buena despensa de embutidos. Habían obviado las frutas y, por supuesto, las verduras. En la libertad no había lugar para sufrimientos innecesarios.

Llegaron hasta un río. Su idea era construir una balsa y luego remar rio arriba hasta que sus ojos tocaran el mar, pero tras mucho buscar no encontraron más que una rama caída y una bota rota.

—¡Es una pena! —exclamó Timmy, y sus dos compañeros le miraron con terrible intención. El joven era redondo, lo suficiente para parecer flotante; no hubo suerte. El niño lloró y a punto estuvo de alertar a los mayores. Tonni reaccionó rápido, y pagó su silencio con su chocolatina preferida.  

Alcanzaron el comienzo de lo que parecía ser un enorme bosque. Estaban convencidos de que dentro jamás les encontraría nadie. Podrían vivir rodeados de la naturaleza, comiendo setas y cazando jabalíes. Además, alzarían una casa en un árbol que traería agua del manantial más cercano a través de un complejo mecanismo. Serían los reyes del bosque, los señores del verde.

Siguieron adelante. El bosque era demasiado grande y tenían miedo de los lobos.

Al fin se detuvieron frente a una calle oscura. Era la zona de la ciudad en la que nunca les habían dejado jugar. El sol estaba cayendo ya y las sombras se perfilaban con mayor timidez, misteriosas y alargadas, como el fantasma que nunca enseña su rostro hasta que es demasiado tarde para escapar.

Volvieron a casa antes de la cena.

—Mamá —dijo Johnny mientras masticaba un trozo de pollo—, creo que os empiezo a entender a vosotros los mayores.

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16 comentarios en “Un cuento sobre la libertad

  1. Pingback: Los números de 2010 « Un paseo por la tierra

  2. por eso me parece muy absurdo que lo pongan si es sobre la libertad y solo trata de 3 niños que saliendo del colegio se van para el bosque cantando y despues de caminaar largo rato salen al callejon de su barrio donde nunca los habian dejado irr oseaa uss que absurdo

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