
Se me hace raro volver a España. No es una sensación desagradable, pero sigo sintiendo un gran vacío, como si me faltara una parte de mí mismo. Es una sensación que nació hace mucho tiempo, hace ya más de un año, y persiste como un mal resfriado. Se ha llevado consigo la escritura, y eso es una puñalada de la que me estoy recuperando con mucha lentitud. Quizás me falte una chispa… Quizás solo tenga que sentarme delante de la pantalla y comenzar a escribir, sin objetivo, sin miedo alguno a lo que mis entrañas tengan que lanzar.
Hablando de entrañas, últimamente no ceso de escupir sangre, guardo un fuerte rencor en mi interior, como si culpara al mundo de este silencio. Pero lo cierto es que me enfado con facilidad, y tengo que mantener mis reacciones con toda la sangre fría del mundo para no cometer alguna estupidez, o dañar a alguien querido (o no querido). Es un problema, sin duda, pero he prometido dejar de odiar, descubrir el punto medio que me impida volver a ocultar jamás mis sentimientos, pero que tampoco me llene de una furia incontrolable cada vez que ocurra algo que me moleste.
Y es que la estupidez humana es mítica, de proporciones bíblicas. Molesta e inquieta al mismo tiempo, hace gracia en algunas ocasiones. A veces me gustaría imitar a nuestro cómico más popular y repartir varazos por el mundo. Pero he de ser justo, porque ni la vida es tan oscura como la veo cuando siento ese odio, ni tan brillante como me intentaba hacer ver antes, callándolo todo. Tengo fe y confianza en que encontraré el equilibrio. Cuento con algunas personas a mi lado maravillosas, y otras que quizás se queden un rato más (aunque a veces me canse de jugar a que les importo lo suficiente).
Bonne nuit.
Comentarios recientes